El Estrecho de Ormuz ha vuelto a colocarse en el centro de la conversación global. Y no es para menos: se trata de uno de los corredores marítimos más sensibles para el comercio energético y para la estabilidad de las cadenas de suministro internacionales. Según UNCTAD, por este paso circula alrededor de una cuarta parte del comercio marítimo mundial de petróleo, además de volúmenes relevantes de gas natural licuado, fertilizantes y productos refinados.
La reciente escalada militar en la zona ha tenido un efecto inmediato sobre la navegación. UNCTAD reportó que el tránsito diario de buques por el Estrecho de Ormuz cayó cerca del 97% tras el inicio de las hostilidades: de un promedio de 129 tránsitos diarios entre el 1 y el 27 de febrero de 2026, a mínimos de entre 3 y 6 tránsitos por día a inicios de marzo.
Un cuello de botella que mueve energía y comercio
Antes de la disrupción, el estrecho concentraba una parte significativa del comercio marítimo mundial de hidrocarburos. UNCTAD señala que, en la semana previa al conflicto, por esta ruta pasaba el 38% del comercio marítimo de crudo, el 29% del GLP, el 19% del GNL, el 19% de los productos petroleros refinados y el 13% de los químicos, incluidos fertilizantes. También circulaban menores volúmenes de carga en contenedores y graneles secos.
La relevancia estratégica no se limita a Medio Oriente. El mismo informe destaca que Asia recibe el 84% del crudo y el 83% del GNL que cruza por el Estrecho de Ormuz, lo que confirma que cualquier interrupción en esta ruta tiene capacidad de propagarse rápidamente hacia mercados industriales, manufactureros y logísticos de escala global.
El impacto ya se refleja en precios y costos logísticos
Los mercados energéticos reaccionaron de inmediato. Entre el 27 de febrero y el 9 de marzo de 2026, el Brent subió 27% hasta alcanzar US$ 91,8 por barril, mientras que el gas natural en Europa aumentó 74% hasta EUR 55,8 por MWh, de acuerdo con UNCTAD.
La presión también alcanzó al transporte marítimo. En su análisis, UNCTAD advierte alzas en fletes, combustible marino y seguros, precisamente en un momento en que muchas economías aún enfrentan fragilidad fiscal y poca capacidad para absorber nuevos shocks de costos.
A esto se suma el endurecimiento del mercado asegurador. En días recientes, medios internacionales han reportado aumentos de hasta 200% en primas vinculadas a riesgo de guerra y una revisión más estricta de coberturas marítimas en la zona.
No es solo un conflicto regional
La crisis de Ormuz demuestra una vez más que los grandes corredores marítimos siguen siendo puntos críticos para el comercio global. Aunque el estrecho representa una porción menor del tráfico mundial de contenedores, su peso en energía, refinados y fertilizantes lo convierte en un factor de alta sensibilidad para industrias, navieras, importadores y operadores logísticos. UNCTAD incluso advierte que cerca de un tercio del comercio marítimo mundial de fertilizantes pasa por esta región ampliada, lo que podría trasladar presión a costos agrícolas y alimentarios.
En otras palabras, cuando un corredor de esta naturaleza se ve comprometido, el impacto no se queda en los buques que esperan tránsito. Se traslada a costos de abastecimiento, planificación comercial, tiempos de tránsito, estructuras tarifarias y decisiones de inventario a lo largo de múltiples mercados. Esa es la verdadera dimensión logística de la crisis.
¿Qué deben mirar hoy las empresas?
Desde una perspectiva empresarial, este escenario exige seguimiento permanente de cuatro variables: disponibilidad de rutas seguras, evolución de tarifas de transporte, comportamiento del bunker y cambios en coberturas o exclusiones de seguro. A ello se suma la necesidad de revisar planes de contingencia, tiempos de reposición y exposición a proveedores o mercados altamente dependientes de energía importada. Las alertas de UNCTAD apuntan justamente a que la duración e intensidad del conflicto serán determinantes para medir el alcance económico final.
Una lectura clave para la logística
Para el sector logístico, Ormuz deja una lección clara: la eficiencia ya no depende solo de mover carga, sino de anticipar riesgos geopolíticos que alteran el sistema global. La logística moderna necesita análisis, monitoreo y capacidad de respuesta frente a eventos que pueden cambiar costos y condiciones de operación en cuestión de días.
En Grupo López Mena seguimos de cerca estos movimientos porque entender el contexto internacional también es parte de proteger decisiones logísticas.
